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El vínculo entre el petróleo de esquisto y la aceleración al totalitarismo en Venezuela

Por: Guillermo Rodríguez González - Jun 28, 2017, 2:09 pm

OPEP

En la práctica, cuando el recorte OPEP ocasionó un alza del precio sobre los 50 dólares, eso apalancó financieramente a productores de petróleo de esquistos en Estados Unidos (Summa)

La OPEP es un cartel dedicado a recortar coordinadamente la oferta para subir el precio del petróleo. A corto plazo su problema solía ser el incumplimiento de Estados miembros en cuotas de producción. El precio del petróleo, como cualquier materia prima, oscila por factores geográficos, políticos y tecnológicos particulares. Y por ciclos económicos inducidos por la recurrente degradación del dinero. Con las grandes economías consumidoras al alza es más factible para la OPEP recortar la oferta en medio del alza de la demanda, mediante el control de los últimos barriles marginales. A mediano y largo plazo ocasionó cambios estructurales en la demanda y la oferta.

Quienes tenían automóviles de alto consumo no los cambiaron de inmediato al subir el precio de la gasolina. Pero eventualmente los cambiaron tomando en cuenta la eficiencia de combustible como no habían hecho nunca antes. Invertir en eficiencia de consumo es más rentable en tanto lo que se consume sea más costoso. Y tanto como se invierte en investigación y desarrollo para eficiencia de consumo, se invierte para fuentes alternas. Cuando finalmente se desarrolló la tecnología, al aumentar el precio del crudo fue rápidamente rentable producir crudos que de otro modo no sería rentable extraer. Sin mencionar otras fuentes de energía. Como requirió capital y tiempo, mientras se desarrollaba la restricción efectiva de la demanda sí que lograba fácilmente precios más altos.

El problema de la OPEP solían ser las recesiones en grandes economías consumidoras. Mantener la restricción de la oferta para sostener el precio del petróleo ante una caída real de la demanda era y sigue siendo costoso. Especialmente para Estados que comprometían gasto de largo plazo con ingresos de corto plazo. Como solía ser el caso de casi todos los miembros de la OPEP. Bajos costos de producción y grandes reservas de crudos sauditas permitían disciplinar al cartel para manipular los precios del petróleo, hasta cierto punto, incluso en recesión.

Los acuerdos de reducción de cuotas OPEP de 1998 tardaron 52 semanas en impulsar un alza sostenible del precio. En 2008 lo lograron en 12 semanas. Pero ahora vivimos el largo plazo de la investigación y desarrollo del lado de la demanda y de la oferta. La OPEP no podrá manipular los precios del petróleo a costos razonables y sin arriesgar mercados mientras no controle la producción marginal a corto plazo. Con la Federación Rusa acordaron en noviembre de 2016 reducir la producción de petróleo de 33 millones 800 mil a 32 millones y medio de barriles diarios. Y los precios del crudo subieron de 45 a más de 50 dólares por barril. Pero también ocurrió lo que ahora era de esperar. La producción marginal de petróleo de esquistos se hizo más rentable y creció en los Estados Unidos del orden de los 4 millones 800 mil barriles diarios en enero de 2017 a poco menos de 5 millones 200 mil barriles diarios en mayo de 2017. Su tecnología y explotaciones dependían inicialmente de precios más altos, pero la caída de precios los afectó menos de lo esperado por quienes ignoraron la teoría económica. Los productores de petróleo en esquistos sí que pueden reaccionar rápidamente. Su producción rápidamente se crece o decrece dependiendo el precio. Simplemente venden a futuro cuando suben los precios y con contratos de futuro garantizan su apalancamiento para producir más.

 

En la práctica, cuando el recorte OPEP ocasionó un alza del precio sobre los 50 dólares, eso apalancó financieramente a productores de petróleo de esquistos en Estados Unidos y compensaron el recorte con producción adicional en muy poco tiempo. Los recortes de la oferta OPEP incentivaron nueva producción estadounidense. Y el precio del crudo cayó bajo los 50 dólares por barril ya en marzo de 2017. En abril se especuló nuevamente sobre recortes. El ministro de energía Saudí Khalid Al-Falih declaraba que haría lo necesario para elevar los precios del petróleo por encima de los 50 dólares por barril. Creer que los recortes normales de la oferta acordados por la OPEP tendrán el mismo impacto que solían está resultando erróneo. Hoy tendrían que retirar de la oferta más crudo que toda la capacidad de los productores no convencionales para incrementar los precios. Pero las finanzas públicas de los Estados OPEP y la Federación Rusa dependen críticamente de ingresos del petróleo. Buscando dudosos precios estables por encima de 50 dólares por barril están arriesgando mercados de petróleo ahora que la demanda no crece.

Aunque algunos analistas estimen que el crudo cerrara el 2017 cerca de los 70 dólares por barril. No parecen considerar realmente la dinámica financiera de la producción de petróleo de esquistos en los Estados Unidos y el entorno de desaceleración en las economías de China y los Estados Unidos. Mientras los bancos centrales de las grandes economías mantengan bajas tasas de interés para salir del estancamiento, los productores no convencionales tendrían crédito barato para expandir la producción cada vez que suba el precio. Únicamente un cambio en las condiciones crediticias los frenaría en el futuro cercano. A finales del 2016 el servicio de la deuda de las compañías de energía estadounidenses ya alcanzaba el 70% de sus flujos de efectivo.

Únicamente un mayor coste financiero les impediría operar en el margen actual. Y regresaría temporalmente el control de los barriles marginales a la OPEP. Pero la capacidad real de producción de crudos no convencionales está concentrada en Norteamérica y Rusia por la actual imposibilidad financiera y operativa del monopolio del petróleo estatal venezolano PDVSA para explotar su propio crudo no convencional a gran escala. Por ahora la OPEP no podrá alcanzar sus objetivos de precios mediante recortes normales de producción sin arriesgarse a perder mercados. El socialismo del siglo XXI en toda Latinoamérica depende críticamente del ingreso de petróleo venezolano. En Venezuela los planificadores apostaron por altos precios del petróleo descartando invertir en sus propios bitúmenes. Cuando la realidad del mercado energético los alcanzó aceleraron su brutal radicalización totalitaria orientada al aislamiento y la miseria.

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.