El “paquete” de Maduro es muchísimo más del mismo socialismo empobrecedor

Las empresas del Estado hace tiempo que crecen en número con oleadas de incautaciones y ocupaciones, decreciendo hasta la nulidad en producción.

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Detalle de una moneda del nuevo cono monetario venezolano. El nuevo bolívar llevará el apellido de «soberano». EFE/Miguel Gutiérrez

Nada le costó a Maduro afirmar un viernes 17 de agosto que reactivaría y haría crecer la economía venezolana. Decía Francisco de Quévedo que “nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir”. La mentira fue doble. Habló de nueva política económica y prometió crecimiento de la economía que su socialismo, populismo y represión ya redujeron a un cuarto de lo que era. Y hundieron en hiperinflación. Pero lo anunciado es más de lo mismo. Repite lo que ya ha hecho. Con más de lo que causó esta destrucción material y moral, únicamente es de esperar más destrucción material y moral.

Las pretensiones “teóricas” de la propaganda socialista venezolana para tales insensateces son: marxismo-maynardismo-dioclecianismo. Marxista por absurdas teorías de valor, precios y explotación. Maynardista por la tontería keynesiana de pretender que crear dinero inflacionario solucionará recesiones. Diclocianista por combinar control de precios con inflación populista. Así destruyó la economía del imperio romano occidental el Augusto emperador Diocleciano.

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Primero dispensaron de impuesto sobre la renta a PDVSA y socios extranjeros en la Faja del Orinoco. Poco después Maduro anunció el nuevo bolívar soberano de cinco ceros menos. Devaluó unificando el cambio diferencial y manteniendo el control de cambios. Resumiendo: el bolívar fuerte murió con sus varios tipos. El menor concluyó en 13,5 bolívares fuertes por dólar, equivalentes a 0,000135 bolívares soberanos, el mayor en 284.800 bolívares fuertes por dólar, equivalentes a 2,84 bolívares soberanos. El tipo de cambio del mercado negro despidió al efímero bolívar fuerte a 5 millones 900.000 BsF por dólar, equivalentes a 59 BsS. Control de cambio y racionamiento sigue por “subastas”. Ajustan regulaciones.

El nuevo tipo de cambio oficial empieza declarando unidad de cuenta un simulacro de criptomoneda: el petro. “Anclan” el bolívar soberano al petro a 3.600 BsS por petro. Decretan “valor” del petro equivalente al barril de petróleo venezolano –unos USD $60–. Y resultan aproximadamente 60 BsS por dólar. ¿Podríamos vender dólares a la banca a esa tasa? Sí. ¿Puede vendernos la banca a esa tasa? ¡Jamás! Hay registro y cuotas racionadas. USD $400.000 por empresas, USD $500 por personas. Anuncia el Gobierno que no ofertará. Y, como de costumbre, amenaza a empresas privadas intentando forzarlas a vender dólares a tasa oficial. Nada nuevo.

Control de cambios con racionamiento de divisas. Devaluación de 2,84 a 60 (o de 0,000135 a 60). Salario mínimo subió de 5.196.000 bolívares fuertes a 0,50 petros: 1.800 BsS, o 180 millones de BsF. De USD $1 a USD $30 mensuales. Devaluación de 2.100 % e incremento salarial de 3.400 %. Exacerban control de precios con parasitaria y envidiosa represión. Nuevo asalto al comercio. Precios “acordados” –25 productos “básicos”– o “justos” por ley de todos los bienes y servicios, son todos seudoprecios impuestos arbitrariamente en la hiperinflación que crea el mismo Gobierno que los fija. Ya en el pasado, exacerbar la represión de precios ocasionó creciente escasez, corrupto racionamiento y extendido mercado negro. Repetirlo en mayor grado ocasionará más de lo mismo.

Que el socialismo en el poder en Venezuela adelante otra gran devaluación –manteniendo el control de cambios– y proclame el fin del mercado negro. Arrecie el control de precios y la expoliación del capital privado. Y “decrete” que no ocasionará inflación su creciente gasto fiscal en medio de una reprimida y debilitada economía de producción y productividad decreciente, ya lo hemos visto una y otra vez. También irracionales aumentos nominales de salarios –y en eso impusieron un nuevo record–, inicialmente insostenibles por la ínfima productividad de la descapitalizada economía. Luego diluidos en hiperinflación.

Las empresas del Estado hace tiempo que crecen en número con oleadas de incautaciones y ocupaciones, decreciendo hasta la nulidad en producción. Las tres novedades serian:

  • Más y más impuestos retenidos por la banca diariamente. Hoy a “grandes ricos” –en realidad “contribuyentes especiales” incluyen ya, de la mayor empresa privada del país a pequeños consultorios veterinarios y simples quioscos de periódicos–, mañana a todos, o casi todos.
  • La oferta del pago directo del Gobierno del diferencial del aumento nominal record de salarios para nominas de las pequeñas y medianas empresas privadas por tres meses. Sospechoso en una economía en que el Estado es ya el principal patrono. Y más del 60 % del empleo es informal, por lo que no podría cumplir los requisitos de inscripción exigidos.
  • Se anuncia que se elevarán los precios internos de la gasolina a precios internacionales. Prometen subsidio –con racionamiento– para portadores del politizado “carnet de la patria”. A futuro indeterminado y con método todavía por definir. En lo inmediato el viejo precio parece subsistir. Quizás subirá progresivamente, mientras el subsidio y racionamiento arranca de una u otra forma, dando paso al respectivo mercado negro, ahora potencialmente interno.

Con retraso respecto al incremento de precios –en plena campaña de represión, extorsión, incautaciones y cárcel a comerciantes y gerentes de tiendas– a siete días de anunciarse el nuevo tipo de cambio oficial –más o menos fijo en cerca de 60 BsS por dólar– el mercado negro ya cotizaba entre 83 y 99 BsS por dólar. Faltando todavía otros siete días para que entre en vigencia –y se pague por primera vez– los USD $30 mensuales del nuevo salario mínimo, este se ha reducido a USD $19. El resultado a esperar es más escasez, largas filas de racionamiento y una hiperinflación que no se detendrá con el espejismo del petro. Más cierres, quiebras e incautaciones de empresas. Más desempleo, mayor improductividad y más pobreza. Es más, y más socialismo, o como decía inicialmente: más de lo mismo, pero cada vez más, que será cada vez peor.

Venezuela está al borde de una gran hambruna. Millones han emigrado en dos o tres años. Y hoy miles de venezolanos caminan desesperados por el continente huyendo del socialismo del que únicamente pueden esperar miseria y muerte.

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