¿Por qué Argentina está otra vez al borde del abismo?

Es temprano para dar por cadáver electoral a Macri y al kirchnerismo por su enterrador, aunque esa pareciera ser la elección argentina

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Que la horda retome Argentina si no comete errores graves en campaña es posible. (Foto: Flickr)

Un originalísimo aporte argentino al catálogo de engendros políticos son sus primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), en las que candidatos designados a dedo en sus partidos se presentan al mismo tiempo a «primarias» sin contendientes y abiertas a todo el electorado. Ahí se reveló que la formula de una Fernández tóxica oculta –a plena vista– tras un Fernández potable funciona y pone al país al borde del abismo. Si al kirchnerismo le alcanzara el truco para ganar –y se reveló probable– tendrían que reducir un presidente a marioneta de su vicepresidenta para completar la maniobra.

Un Fernández electo sirviendo de Medvedev argentino será el objetivo kirchnerista. Pero ni Cristina es tan indiscutible como Putin en su partido, ni Fernández tan débil como Medvedev, aunque el fuerte revanchismo filo-totalitario de una y el escaso compromiso republicano del otro justifican el paralelismo. Que la horda retome Argentina si no comete errores graves en campaña es posible. El problema de Macri es el desgaste de un gobierno mediocre. No enfrentó la urgente reforma estructural. Al no asumir el alto coste político de hacer lo necesario al principio le llegó el de no hacerlo, al momento de la reelección

Por cierto, el liberalismo argentino vio que su caudal electoral inmediato es insignificante –Espert obtuvo 2.2 %– y muy inferior a su influencia comunicacional y cultural. Son una minoría cada vez más influyente –con tendencia a fraccionarse en grupúsculos enfrentados– ante un pésimo escenario electoral. Que eso de lugar a agrios debates bizantinos y regocijos suicidas es desesperanzador. Como explicaba el jurista liberal argentino Ricardo Manuel Rojas:

Como explicaba el jurista liberal argentino Ricardo Manuel Rojas: «…no entiendo en verdad a muchos de mis amigos liberales que parecieran estar felices porque Macri se está estrellando, como si la alternativa fuese mejor. Macri es un inútil (…) hizo todo mal sabiendo que debía hacer otras cosas, se rodeó de mediocres aduladores, le entregó la conducción de la economía a radicales (deberían tener proscripción de por vida para manejar dinero ajeno). Pero lo que se viene en lugar de Macri es bastante peor. Si piensan que no, probablemente no tengan ni memoria ni capacidad (…), si me preguntan hoy (…) claro que prefiero que siga el inútil en lugar de la horda. Aspiración muy modesta la mía, pero no hay otra opción. Olvídense de Espert y de cualquier otra cosa. El partido liberal habrá que formarlo a partir del año próximo, en serio y con todos. Pero ahora solo hay dos opciones, enfóquense en eso, y si realmente piensan que da lo mismo cualquiera de las dos, estarán confirmando que es muy buena mi decisión de irme (…) el año próximo».

Es temprano para dar por cadáver electoral a Macri y al kirchnerismo por su enterrador –por exitoso mampuesto– pero tomando el curioso engendro de las PASO por lo que son (una encuesta del escenario electoral: «si las elecciones fueran hoy» –porque a tales efectos, y únicamente a esos efectos, lo fueron–) la posibilidad de reelección de Macri se reveló mucho más difícil de lo que cabía esperar ante la alternativa.

Con la horda de bárbaros a las puertas, cerca de la mitad de los argentinos votan por abrírselas. La amenaza del retorno de la horda, con ansias de «hacer la revolución» para que jamás puedan ser desalojados del gobierno es muy real. Pero muchos no la quieren ver. Macri podía apostar a disolver la niebla de la candidatura por mampuesto, polarizar contra Cristina,  que pasaría por convencer a poco más de media Argentina de que Fernández es un títere «Medvedev» de una titiritera «Putin». Pero es tan probable que lo sea, como difícil que se vean los hilos.

La fracción de ultraizquierda fuera del peronismo, y ciertos votantes peronistas que no votarían a Cristina en tanto presidente, preferirían abstenerse a votar a Macri. Otro candidato para sumar hasta el último voto «anti-K» no es simple. Se intentó algo así en Venezuela contra Chávez en 1998 y fracasó miserablemente. Macri difícilmente se podía hacer a un lado por sí mismo y forzarlo exitosamente emponzoñaría la candidatura alternativa. Podía, no obstante, «rendirse» sin declinar. Y lo hizo. Supondrá que asegura los intereses que negocie sin perder la remota esperanza de voltear el resultado. Será como una prolongada «transición» negociada, desde la reacción negativa de los mercados, para dar poder al títere esperando que corte los hilos y controle a la titiritera. La horda y su jefa tienen que aparentar que funcionará para asegurar la elección. Soltarían al candidato, pero lucharan a muerte por someter a su presidente al control revolucionario de la vicepresidenta. Y podrían lograrlo.

Pero lo más importante es comprender por qué llegaron al borde del al abismo y por qué no ven la autopista a Venezuela ante la que están. Porque si la votan, únicamente el azar y la avariciosa torpeza de la horda los pudiera salvar. Lo que hay que aprender es que, cuando los votantes piden recuperar la salud mediante el veneno que los enfermó, pero con mejor sabor, lo peor será darles mucho del mismo veneno, lo más edulcorado posible, junto a casi nada de la medicina que realmente necesitarían.

Si aspiran a recuperar la salud y el medio que señalan para lograrlo es lo que se las quita, el mandatario político que asumió un mandato literalmente imposible («salud mediante el veneno») o asume el costo político inicial de alcanzar el fin deseado retirando los «medios» deseados, o el costo político final de no alcanzarlo en absoluto. Si opta por toda la medicina necesaria y nada del veneno anhelado, pudiera tal vez cosechar después frutos políticos de la salud recuperada.

Si opta por el veneno, edulcorado y en menores dosis, es a él y no al veneno a lo que atribuirán los votantes el no curarse. Y votarán por otro envenenador mucho peor. A la muerte se le suele subestimar, pero no le faltan activistas fanáticos.

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