Coronavirus: dictadura en Nicaragua prohíbe a Iglesia auxiliar a enfermos

La persecución del régimen socialista contra la iniciativa privada es tal en Nicaragua que los hospitales privados no pueden hacer pruebas de coronavirus ni la Iglesia Católica puede brindar atención, tampoco dar información

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Policía nicaragüense parada sobre la vereda, sin dirección, luego de más de 10 días sin novedades del presidente. (EFE)

La pandemia del coronavirus ha infectado a más 1,3 millones de personas en el mundo. Pero el régimen de Daniel Ortega no solo no ha tomado medidas para evitar la propagación en Nicaragua, sino que le ha impedido a la Iglesia Católica cumplir uno de sus fines: ayudar a los necesitados.

En Italia, donde más muertes por coronavirus se han reportado en el mundo (más de 17 100), han fallecido más sacerdotes que médicos. Pero en Nicaragua a los sacerdotes no se les permite brindar información siquiera, mucho menos ayuda médica.

«Los expertos estiman que durante los próximos días habría un incremento en el número de personas contagiadas que podría corresponder al 30 % de la población nicaragüense, de los cuales 10 % requerirían atención médica y un 4 % en condición crítica», aseguró Monseñor Rolando José Álvarez L., el noveno Obispo de la Diócesis de Matagalpa, al norte de Nicaragua.

Monseñor Álvarez anunció la creación de un centro médico para combatir el coronavirus que inmediatamente fue prohibido por el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua.

En respuesta, Monseñor denuncia que es un atropello a los derechos naturales de los seres humanos a la vida. Además, evidencia que en Nicaragua no existe libertad de expresión, tampoco libre acceso a información.

Tampoco a los hospitales privados de gestión laica se les ha permitido realizar la prueba del COVID-19. El Consejo Superior de la Empresa Privada, COSEP, le solicitó al Ministerio de Salud permiso para diagnosticar a los pacientes pero el régimen sandinista no ha respondido a la solicitud.

La falta de transparencia se deja notar en la difusión de información y la detección del COVID-19, lo cual se hubiese visto entorpecido por la oferta de la Diócesis de Matagalpa de crear de un centro de información.

Es decir, la creación del centro pondría en peligro la narrativa oficial del régimen, que alega que en Nicaragua hay apenas seis casos de coronavirus, tres activos, dos recuperados y un muerto.

También sostiene que no ha habido casos de contagio comunitario. Lo cual quedó desmontado cuando una cubana que regresó a la isla iba contagiada desde Nicaragua. Se trata de una paciente de 38 años que fue ingresada al hospital y está bajo vigilancia por 14 días.

El régimen está callando cifras desde que empezó la represión

El régimen tiene un historial de ocultar cifras. En abril de 2019 empezaron las protestas masivas contra el gobierno, oficialmente se han reconocido apenas 199 muertos, de los cuales el gobierno aduce que la mayoría fueron víctimas de los manifestantes a quienes denominan golpistas y desestabilizadores.

No obstante, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, pudo contabilizar al menos 321 muertos y acusa que fueron mayormente víctimas de la represión del régimen, mediante las fuerzas de seguridad del Estado y también grupos irregulares leales al sandinismo.

Organizaciones de derechos humanos han duplicado esa cifra, colocando a los muertos por encima de los 600, siendo la víctima más inocente, un no nacido, tras haber sido inducido un aborto mediante una golpiza durante un interrogatorio contra una estudiante.

Es decir, el régimen reconoce menos de la mitad de los muertos.

Lo más sobresaliente del proceder del régimen sandinista de Nicaragua es que, en lugar de alivianar la carga del Estado, permitiendo la labor de hospitales privados (incluida la labor de la Iglesia), fiel al socialismo mantiene el monopolio y control total. No se trata de un caso en particular, sino de la teoría puesta en práctica.

Y el enfrentamiento entre la Iglesia Católica y el gobierno socialista de Daniel Ortega no es algo de momento, sino la continuidad de la persecución del régimen.

Por ejemplo, el Arzobispo auxiliar de Managua tuvo que ser transportado al Vaticano por pedido expreso de Francisco I, como consecuencia de las amenazas contra su vida ordenadas por Ortega.

Durante los meses de represión del régimen contra los manifestantes que se atrevieron a denunciar los atropellos de este, la Iglesia Católica fue el asilo contra las balas sandinistas.

Pero ni siquiera los templos fueron respetados. Las fuerzas paramilitares leales a Ortega irrumpieron las iglesias, destrozaron estatuas e inclusos dispararon dentro de los templos.

La Iglesia Católica, mediante el Vaticano, intercedió en la liberación de cientos de presos perseguidos por temas políticos, los más destacados fueron los «aguadores», 16 personas que fueron detenidas por llevar agua a la Iglesia San Miguel para las madres que hacían huelga de hambre en las escaleras del templo, para pedir la liberación de sus hijos perseguidos por el régimen.

Pese a la persecución del régimen a la iniciativa privada, decenas de médicos le han brindado su respaldo a la Iglesia y su ayuda a los afligidos.

Mientras no es posible la construcción de centros hospitalarios ni se permiten las pruebas en hospitales privados, tampoco centros de atención telefónica, muchos nicaraguenses acuden a redes sociales para imitar las medidas de autocuarentena aplicadas en El Salvador.

Vale destacar que desde hace semanas a Daniel Ortega nadie lo ha visto, ni él se ha manifestado públicamente. Muchos creen en la posibilidad que haya sucedido como con Fidel Castro y Hugo Chávez, y que podrían estar ocultando su muerte. Pero aún es incierto.

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