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El marxismo no es más que una racionalización de creencias míticas primitivas

Por: Guillermo Rodríguez González - Mar 17, 2017, 10:57 am
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En una carta de 1852 a J. Weydemeyer Marx afirmó: “No soy yo quien merece el mérito por el descubrimiento de la existencia de las clases en la sociedad moderna, al igual que de la lucha que se dedica a ella.” (historicalastrology)

Marx fue el último profeta de la tradición herética del milenarismo cristiano revolucionario. Último pues descristianizó la idea la revolución comunista como fin de los tiempos. No la secularizó, soportó la herejía comunista en una racionalización pretensiosa de diversas creencias mágicas muy anteriores al cristianismo. En una carta de 1852 a J. Weydemeyer Marx afirmó:

“No soy yo quien merece el mérito por el descubrimiento de la existencia de las clases en la sociedad moderna, al igual que de la lucha que se dedica a ella. Los historiadores burgueses habían puesto delante de mí, el desarrollo histórico de esta lucha de clases y, algunos economistas burgueses me describieron la anatomía económica. Lo que yo aporto es: la demostración de que la existencia de las clases sociales sólo va unida a las fases históricas a través del desarrollo de la producción, que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado”.

Fuera de su contexto cristiano, profetizó aquélla escatología por un materialismo trascendente. La voluntad de la materia gobierna el destino de los hombres. Hechicería “material”.

Lenín explicaba al marxismo como la combinación de filosofía alemana, economía inglesa y  socialismo francés. Por filosofía alemana se refería el hegelianismo, por economía inglesa a la escuela clásica y por socialismo francés a la agitación revolucionaria francesa de mediados del siglo XIX. Para Lenin “El marxismo es el sucesor natural de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX”.  En realidad, al publicarse El Capital el valor objetivo y la teoría del valor trabajo de la escuela clásica británica (cimientos insustituibles de la economía marxista) eran superadas por la teoría del valor subjetivo y la sistematización del valor marginal.

La filosofía hegeliana perdía relevancia en las nuevas preocupaciones epistemológicas. Y aquél melodramático socialismo francés fracasaba en las barricadas. El marxismo, se reclamó cúspide de la ciencia sustentándose en teorías económicas y filosóficas superadas. Pero ¿cuál es el núcleo central de la cosmovisión de Marx que todo marxista consideraría de indiscutible veracidad? Lo que se ha denominado: dialéctica material de la historia. Sin eso no hay marxismo. Para los marxistas fuera de eso no hay verdad. El dogma fundamental del marxismo es el materialismo dialéctico.

Marx no usó términos como dialéctica material de la historia, materialismo dialéctico o materialismo histórico. Para él y Engels la dialéctica marxista es simplemente ciencia. La definitiva verdad científica. En terminología de Marx ciencia es dogma: Verdad incontestable que no requiere demostración ni admite duda. Marx “reveló” leyes históricas materiales que dedujo de su filosofía dialéctica. Engels lo extendió a las ciencias naturales. De ahí la biología proletaria de Lysenko y la persecución de herejías científicas en el bloque soviético.

La sistematización de la dialéctica marxista en materialismo dialéctico y materialismo histórico corresponde a Georgi Plejánov. Contradiciendo a Marx el socialismo triunfó en la atrasada Rusia, no en capitalismos maduros. Lenin consideraba a Plejánov el padre del marxismo ruso. Stalin lo resumió en que el materialismo dialéctico sería la aplicación de las leyes dialécticas a la naturaleza y el materialismo histórico su aplicación a la historia humana.

 

La dialéctica material de la naturaleza se hizo ridícula muy pronto. Quedó la dialéctica material de la historia. Una religión atea plagiando la escatología milenarista cristiana. La base del materialismo histórico son los conceptos de fuerzas materiales de producción y relaciones sociales de producción. La “ciencia” marxista lo que afirma es que misteriosas fuerzas materiales de producción son causa única de las relaciones de producción. Y las fuerzas materiales de producción ¿Qué son? Marx nunca lo aclaró. Tendrían relación con la tecnología, afirmó en La miseria de la Filosofía que “Al hacerse con nuevas fuerzas productivas, los hombres cambian su modo de producción, y al cambiar su modo de producción, su medio de ganarse la vida, cambian el resto de todas las relaciones sociales, el molino manual te da la sociedad del señor feudal; la máquina de vapor, te da la del capitalista industrial”

Para Marx serían esas fuerzas materiales las que determinan las ideas y no al revés. Eso es la “ciencia” marxista. Afirmar que la infraestructura material origina la superestructura ideológica. Y dándolo por demostrado con afirmarlo. Anunciar que cuando fuerzas materiales de producción superen relaciones sociales de producción, la superestructura ideológica no podrá ya evitar que nuevas fuerzas materiales de producción maduras crean nuevas relaciones de producción. Y aquellas, nueva superestructura ideológica.

Esas son las leyes materiales inexorables de la “ciencia” dialéctica. Pensamiento colectivista. Las clases dominantes serían la encarnación de las relaciones de producción y su pensamiento estaría inexorablemente encadenado a la superestructura ideológica. No piensan, sus cerebros son glándulas que secretan superestructura. Igualmente, clases en ascenso revolucionario encarnan  las fuerzas materiales de producción oprimidas por la superestructura ideológica de las clases dominantes. Así un sistema económico da origen a su opuesto con lo que engendra a partir de su negación su propia superación, por un nuevo sistema económico. Siempre a través de la lucha de clases.  Toda una estafa intelectual.

Que el orden social sea producto de la acción más no de la voluntad humana no significa que “El molino manual te da la sociedad del señor feudal; la máquina de vapor, te da la del capitalista industrial”. El orden social evoluciona por selección adaptativa, no está predeterminado y no responde a leyes de la historia que no son sino la materialización del un pensamiento mágico tan primitivo y simplista que cree en una mítica voluntad de la materia. Y desconoce la individualidad, el albedrío y la creatividad humana.

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.