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La desconocida revolución comunista de 1419, preludio del manifiesto de Marx

By: Guillermo Rodríguez González - Mar 19, 2017, 8:30 am
(Paralelo) comunismo comunista
El marxismo se remonta al comunismo milenarista cristiano que emergió durante la reforma protestante. (Paralelo)

Sorprende lo poco que conoce el común de los marxistas las raíces históricas de la religión que denominan “ciencia de la historia”. El marxismo se remonta al comunismo milenarista cristiano que emergió  durante la reforma protestante. Pero esa agitación revolucionaria tiene raíces desde el siglo XII cuando el místico calabrés Joaquín del Fiore profetizó un segundo advenimiento que pondría fin a la historia y la propiedad, liberando las almas de sus cuerpos. Pasó la fecha sin advenimiento, pero el joaquinismo Influyó en muy equivocados rigoristas de la pobreza como virtud. El teólogo Amalrico de la Universidad de Paris se retractó forzosamente en 1206 y 1207 de doctrinas neojoaquinistas. Sus seguidores fueron perseguidos como herejes. Algunos se retractaron, otros terminaron en la hoguera.

En el siglo XIV los Hermanos del Espíritu Libre agregaron a subterráneas tradiciones milenaristas la idea de una vanguardia que se elevaría a la condición de dioses vivientes antes del advenimiento. La absoluta obediencia a esos dirigentes sería tan sagrada como el colectivismo y la acción directa contra la propiedad. Pocos en número no tuvieron más impacto que bandidos. Pero legaron la idea de la vanguardia y ataques contra la propiedad y los propietarios a los más numerosos y mejor organizados taboritas. Un ala rigorista checa de los husitas, que proclamaban la urgencia del extermino de todos los no-creyentes para iniciar el reino de Dios con propiedad común de los bienes y las mujeres en Bohemia. Pretendían restablecer el comunismo primitivo que aseguraban habría sido la condición original de los checos. Y extenderlo al resto del mundo por la acción revolucionaria. La revolución mundial fue teorizada por comunistas del siglo XV.

Adelantando la teoría de Engels y las prácticas de Pol Pot en el genocidio de Kampuchea, los taboritas se proponían proscribir las ciudades, el dinero, el comercio y la familia. La revolución husita estalló en 1419 y sus comunistas hicieron la revolución dentro de la revolución. Establecieron su régimen en Usti rebautizándola Tabor. Colapsó y se refugiaron en una isla del rio Nezark, lanzando incursiones revolucionarias hasta que 400 soldados de Zizka aplastaron la belicosa comuna en 1421. El ejército taborita resurgió, pero fue aplastado por los husitas moderados en la batalla de Lipan en 1434. Tras aquello se verían reducidos a la clandestinidad, desde la que influenciaron entre checos y alemanes de Baviera y Bohemia. Y desde ahí sus doctrinas llegarían al anabaptismo en la reforma y con ello a la revolución de Münster. El milenarismo comunista de los anabaptistas inspiró a diversas sectas menores de la revolución inglesa, como los cavadores de Gerrar Winstanley, quien afirmaba que en Inglaterra había imperado el comunismo primitivo hasta la conquista normanda. Winstanley reinterpretó la antigua tradición dualista albigense afirmando que el credo de Dios era el comunismo y el del Diablo la propiedad.

La transcendental profecía que revelaba el triunfo final de los justos como agentes de la voluntad de Dios para inspirar la acción revolucionaria violenta, es de lo que carecieron los primeros comunistas seculares. Los que aparecen finalmente en una abortada revolución que no pasó de conspiración. Pero fue la conspiración de los iguales de Babeuf, la fallida revolución que aportó el primer manifiesto comunista, El manifiesto plebeyo, y luego El manifiesto de los Iguales de 1795. Inicio de una serie de manifiestos que alcanzaría su punto culminante con el Marx. El movimiento de Babeuf estuvo internamente dividido entre milenaristas cristianos como él mismo y  ateos militantes dirigidos por Maréchal.

Pese a su fracaso, Babeuf es el transmisor de las tradiciones milenaristas al socialismo del siglo XVIII en adelante. Desde los tiempos de los taboritas, los comunistas revolucionarios manejaban la teoría partidista de la organización clandestina y la teoría militar de la guerra de guerrillas. Organizados por una elite de revolucionarios profesionales dirigidos por una jerarquía todopoderosa que acabaría con todas las jerarquías. De Babeuf a Maréchal aquellas teorías, costumbres y creencias pasaron a los comunistas ateos.

 

Aunque la conspiración de Babeuf llegó a sumar 17 mil parisinos antes de ser delatada y abortada en 1796, el más importante de todos sería Fillipo Giuseppe Maria Lodovico Buonarrot. Un aristócrata y revolucionario profesional. Formado en las filas de la conspiración dedicó toda su vida al activismo revolucionario por toda Europa. Ya a los 67 años publicó La conspiración por la igualdad de Babeuf, éxito editorial que sacó del olvido aquella conspiración. Con tal obra el obscuro conspirador se transformó en guía intelectual de la izquierda europea. Sus principales legados al socialismo fueron su teoría de una voluntad inmutable que dirigiese toda la fuerza de la nación contra enemigos internos. Y su convicción que el pueblo es incapaz de regenerarse por sí mismo o designar a la quienes puedan dirigir esa regeneración. Dos ideas establecidas sólidamente hasta nuestros días entre los socialistas revolucionarios.

De ahí en adelante el movimiento fue una alianza de socialistas cristianos de tradición milenarista y socialistas ateos radicales en la que tenemos de quiliastas como Jhon G. Barmbly –folclórico autoproclamado “Pontifarca de la Iglesia Comunista”– hasta ateos radicales como Theódore Dézamy. Dezamy fue primero en defender la ortodoxia ideológica y la disciplina político partidista del  socialismo ateo “rigurosamente científico”.

También proclamaba a la revolución violenta y al socialismo, “racionales e inevitables”. Carecía de una teoría mítica en la que soportar tal inevitabilidad. Finalmente, en 1847 la alianza de la Liga de los Justos y el Comité de Correspondencia Comunista creo la Liga Comunista, cuyo manifiesto redactó Karl Marx. Marx logró la recuperación por el socialismo ateo de la religiosidad y la profecía milenarista del fin de los tiempos. Integró la larga tradición comunista del milenarismo cristiano en una nueva religión que proclamó científica. Entendiendo por ciencia la fe en el dogma de su escatología profética materialista. Al siglo siguiente las víctimas mortales de tal fe sumarían más de 100 millones.

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.

Sobre las niñas de Guatemala: el Estado daña lo que toca

By: Escritor Invitado - Mar 18, 2017, 3:39 pm
Las niñas de Guatemala

Por Ramón Parellada* Hace años estuve apoyando a un sacerdote que tenía entre otras obras un Hogar temporal para niños huérfanos “sociales” (o bien tienen a sus papás, o solo su mamá o solo su papá). No era fácil. Recibíamos niños huérfanos “sociales” con orden legal de juez competente porque quien tenía la tutela los explotaba o bien abusaban de ellos o los abandonaban. Llegaban al hogar en condiciones miserables, con piojos, la mayoría de ellos desnutridos y enfermos. Lo primero era que los viera un médico y un psicólogo. No se aceptaban niños que no tuvieran buena salud mental (para eso se necesita otro tipo de institución). En este hogar encontraban acogida, refugio, apoyo, educación y atención material y espiritual para contribuir con su desarrollo como seres humanos. Lea más: Incendio en Guatemala: examinarán si niñas fueron sedadas o rociadas con combustible Lea más: Guatemala: revelan estremecedores audios de sobrevivientes del Hogar Seguro Este hogar era totalmente privado. Funcionaba muy bien a base de donaciones de personas de buena voluntad que confiaban en lo que hacíamos. Más fácil hubiera sido tener niños huérfanos puros, de padre y madre, y luego lograr que fueran adoptadas por personas que los quisieran criar en su hogar. Pero para eso había otros hogares privados haciendo un excelente trabajo. Hogares que no aceptaban estos huérfanos “sociales”. Las adopciones de los que eran huérfanos puros funcionaban. Muchos niños tuvieron la suerte de encontrar hogares maravillosos y hoy son personas productivas que han salido adelante. ¿Qué pasó? ¿Qué cambió? ¿Por qué dejó de funcionar todo lo que estaba más o menos funcionando bien? Porque el gobierno se metió y asumió toda la función que ya muchas personas estaban llevando a cabo. Y no está de más recordar que todo lo que hace el gobierno lo hace ineficientemente, con más burocracia, corrupción y descuido. A través del Decreto 77/2007, la cosa cambió. Este decreto creó al CNA (Consejo Nacional de Adopciones) otorgándole un monopolio corrupto para administrar todas las adopciones y hogares, quitándoles a los jueces de la niñez y adolescencia la autoridad para decidir sobre el futuro de estos jóvenes. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   Las razones de esto, en su momento impulsado por la UNICEF y otros organismos internacionales, así como algunos países de Europa fue que había muchos casos de robos de niños. Segundo que se lucraba con las adopciones y que al final no convenía que los niños fueran adoptados por otros países porque era una cultura diferente. Las razones no justificaron que algo que funcionaba relativamente bien pasara a manos de algo que no funcionaría. Apenas el 1 % de todos los casos de adopciones de niños fue anómalo, pero eso no se resolvía con esta ley frenando la oportunidad para que niños huérfanos pudieran conseguir un buen hogar. El cobrar permitía que los niños estuvieran en mejores casas hogar, con mejor atención médica y enfermeras así con mejor educación, ser adoptados más rápidamente y resolver todos los engorrosos trámites que el gobierno exigía. Mientras antes se consiga un hogar para un niño huérfano, mejor será para su desarrollo integral. El tema cultural tampoco se justifica, ya que es preferible un niño huérfano en un hogar bien integrado en cualquier parte del mundo que en un orfanato. Si no queremos que existan abortos facilitemos las adopciones, no las entorpezcamos. La tragedia comenzó entonces con este decreto que monopolizó por parte del gobierno las adopciones en el año 2007. La cantidad de niños huérfanos sobrepasó la capacidad y los recursos creando hacinamientos peligrosos. La solución no es crear más leyes y meter más al gobierno. Esto no funcionó y jamás funcionará. La solución pasa por dejar que las personas en lo privado puedan adoptar fácilmente a los niños huérfanos en hogares que si los críen en forma integral. *Esta columna de opinión fue originalmente publicada en Siglo 21 bajo el título La tragedia de las niñas quemadas el 16 de marzo de 2017.

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