La miseria de Venezuela es abundancia de socialismo

Los objetivos de nuestros gobernantes por más de medio siglo incluían quitarle a quienes producen algo para repartirlo entre quienes nada producen

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La miseria de Venezuela es abundancia de socialismo (PeG)

Venezuela ha sido gobernada por uno u otro socialismo –moderado o radical, civil o militar, democrático o dictatorial, abierto o disfrazado– al menos de mediados de los 40 del siglo pasado a la fecha. Con tales medios se cae fácilmente del desarrollo a la miseria.

Un Estado fallido es el colapso del gobierno formal en medio de la competencia de tiranías informales, primitivas y brutales. Pero hay algo nuevo. Una poco común –nada accidental– combinación de dictadura totalitaria y Estado fallido. Miseria, corrupción y delincuencia son los únicos frutos del socialismo. En Venezuela se ha probado en todas las versiones posibles. Fracasaron todas. Todas empobrecieron material y moralmente al país entero. Pero enriquecieron –y mucho– a gobernantes. Y afines.

Los objetivos de nuestros gobernantes por más de medio siglo incluían quitarle a quienes producen algo para repartirlo entre quienes nada producen. Unos aspiraban a concentrar toda la producción estratégica en el Estado. Y conducirlo a la dictadura totalitaria. Es decir, robar todo lo valioso en nombre “del pueblo” y quedarse con lo robado mandando “al pueblo” al diablo.

Otros se conformaban con controlar directamente “lo estratégico” dejando el resto en amigas y dependientes mandos privadas. Y más o menos, quitarle a los que tienen “mucho” para darle a los que tienen “poco”. Porque “el que parte y reparte se queda la mejor parte”.

Como siempre, quienes llegaron al poder ofreciendo “quitarle a los que más tienen para darle a los que menos tienen” se han quedado con todo. Y han robado más a los que menos tenían. Las mayorías que insisten una y otra vez en otra cosa cometen una y otra vez una soberana estupidez. Quién vota por quienes ofrecen robar vota delincuentes. No puede esperar que no le roben.

“El criminal puede dar limosnas de lo que roba. A quien le plazca, o le convenga”. En democracia le conviene dar limosnas a las mayorías. Y más a sus partidarios. Inflación y devaluación han sido la sistemática transferencia -obligada y escondida- del bolsillo de la población a las arcas del gobierno. El socialismo llega a la hambruna en más de una forma. Pero la escala del saqueo de una hiperinflación como la venezolana es inseparable del fantasma del hambre. La limosna, de todos los gobiernos socialistas de Venezuela –incluyendo lo que dan a sus esbirros de bajo nivel– ni se aproxima al capital destruido –y saqueado– únicamente en los últimos 17 años de socialismo radical.

Con excepción de militares en el papel de anticomunistas de la guerra fría –iniciadores del estatismo creciente y excluyente que escalarían sus sucesores civiles– todo socialista en el poder en Venezuela llamó derecha al socialismo que le precedió. Y al que se le opuso. Claro que mientras más se retrocede en el tiempo, menos tiempo habían imperado. Menos habían aplicado del modelo y menos daño había causado. El socialismo es la causa de nuestros males. Y su propio socialismo “venden” como solución la mayoría de nuestros intelectuales y políticos opositores. No dudo que sería solución para ellos. Cambiar unos socialistas por otros hace la riqueza de los que suben.

Con y sin alternancia democrática, tenemos socialistas en el gobierno y oposición. Con un gobierno enorme, y riquísimo en medio de la creciente miseria sobre la que impera. No caben tantos salvajes la jungla del poder. Son demasiados.

Los delincuentes comunes son transparentes. Cometen delitos y tratan de controlar territorios por la fuerza, para tener el monopolio del crimen. Los socialistas hacen lo mismo –en gobiernos electos o en territorios “liberados” por las armas– pero ofreciendo que repartirán –de una u otra forma– los frutos del crimen. Así manipulan las envidiosas esperanzas de las mayorías. En Venezuela la revolución chavista fue primero que nada, más de lo mismo. Pero mucho, muchísimo más. Tanto que dejó de ser lo mismo y llegó a ser lo peor.

Aunque siguen hablando de “suprema felicidad” al borde de la hambruna. Y de política “electoral” cuando ya establecieron la dictadura, de hecho y de “derecho”. Si ponemos atención notamos que ya no ofrecen que en su economía planificada habrá más producción que en una economía capitalista. Dicen que producir menos para consumir menos, y ser más pobre y mísero, es bueno por razones culturales, ecológicas y morales.

En democracia o dictadura el socialismo en el poder gasta más de lo que ingresa. La inflación es emitir dinero para cubrir la diferencia con cargo al empobrecimiento de todos. Control de cambios, control de precios, racionamientos, y devaluaciones garantizan que se enriquezcan única y exclusivamente los que violan la ley. Sobre todo impunemente y a gran escala desde el poder.

Llegamos a la miseria con la hiperinflación luego de que un gobierno tras otro se empeñaran en endeudarse para seguir gastando lo que no había. Pero lo peor fue que el socialismo radical avanzó realmente contra la totalidad de producción privada ya antes distorsionada y debilitada. E incautaciones mediante la redujo a su mínima expresión.

A los socialistas eventualmente se les acaba el dinero. En Venezuela salía de las alzas del precio de petróleo. Y el avance continental del Foro de Sao Paulo fue, antes que otra cosa, el producto del saqueo socialista continental de la última gran bonanza de precios de petróleo venezolano. Como resultado la propia industria petrolera venezolana terminó tan debilitada como para temer el destino de azúcar cubano. Lo único que resta es la miseria. Era de esperar que los socialistas del Foro terminaran con fortunas personales abultadas y pueblos empobrecidos. Y así fue. También sumó a la de Cuba, dos o tres dictaduras aspirando sostenerse por la fuerza. La defensa a ultranza de sus ladrones. Y la esperanza de revertir mañana las derrotas y avanzar de nuevo en todo el continente.

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