Argentina, el país que va siempre a la cornisa pero se niega a suicidarse

Sectores del Gobierno quieren aprovechar la cuarentena para radicalizar el estatismo, pero, como en 2015, hay reacción popular.

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¿Son historia los números de 80 % de aprobación del presidente argentino al momento del inicio de la cuarentena? Todo parece indicar que sí. (Twitter)

El inicio de la cuarentena fue un momento de oficialismos en el mundo y Argentina no fue la excepción. Todo lo contrario. Cuando las sociedades demandaron un liderazgo fuerte y un discurso paternalista, el peronismo salió a hacer lo que mejor sabe, con un exponente excepcional para ese fin: Alberto Fernández. Su tono y retórica parecían ser uno de los planetas del eclipse perfecto, en un panorama que volcaba todo a su favor.

Por aquellos días no tan lejanos su aprobación —dicen— trepó al 80 %. La actitud de la oposición, que le decía a todo que sí, dejó en evidencia que si el número no era tan alto, al menos era lo suficiente nutrido como para no discutirle nada.

Desde PanAm Post advertimos que el fenómeno podía tratarse de un gigante con pies de barro y así resultó ser. A poco más de dos meses, un amplio sector de la sociedad terminó la luna de miel con Alberto y ya lo acusan de buscar implementar una «dictadura«. La suma del poder público en manos del Poder Ejecutivo, el Gobierno por decreto y la suspensión de facto de la Constitución son buenos argumentos para la acusación. Pero ¿qué pasó en concreto durante estas semanas para un cambio tan abrupto en un importante sector de la opinión pública?

Macri y Cristina guardados, pero el kirchnerismo marcando la cancha

Con el expresidente y la actual vice desaparecidos de escena, y con Alberto jugando al sanitarista más grande del mundo, los referentes duros del kirchnerismo salieron a hacer de las suyas. Primero fue la diputada Fernanda Vallejos, que propuso que el Estado se quede con parte de las empresas a las que «ayudó» (con emisión monetaria) a pagar los sueldos durante la cuarentena. Después salió a pedir que el peronismo deje de lado la «moderación» que le dio el triunfo a Alberto sobre Macri.

Después fue Gabriel Mariotto, quien afirmó que “A la Argentina después de la pandemia, me la imagino bien peronista. Con las empresas de servicios públicos y el comercio exterior en manos del Estado, con un Estado bien fuerte porque la Argentina tiene la obligación de resolver cómo seguir alimentando al mundo, pero primero debe resolver la mesa de los 45 millones de habitantes de nuestra patria». Para el hombre de Cristina «si Alberto no hubiera sido moderado no ganaba, pero ahora hay que terminar con la moderación».

No queda claro si estos personajes tienen el aval del presidente para proponer estas medidas, si responden a la exmandataria, que busca marcarle la agenda a su compañero de fórmula, o si hablan por ellos mismos. Lo que sí se sabe es que un importante sector de la sociedad empezó a decir basta.

«Nos someten a una cuestión política, no sanitaria»

Si algo proliferó más rápido que el coronavirus durante los últimos días fueron las críticas a las tentaciones autoritarias por parte del Gobierno. Una de las voces más claras en este sentido fue la del relator de Radio Mitre Gabriel Anello. En respuesta a las declaraciones del gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, el comunicador aseguró: «Vamos a volver a la normalidad, les guste o no. ¿Qué van a hacer? ¿Van a poner francotiradores para cuando salgamos a la calle?», señaló. Cabe destacar que el economista K había dicho que el mundo ya no sería como lo conocemos y que la normalidad «no vuelve más».

En sintonía con Anello, varios comunicadores ya advirtieron sobre las tentaciones autoritarias en este momento complicado y acusaron al Gobierno de fomentar quiebras en el sector privado con intenciones estatizantes.

La soberbia de Alberto y las reacciones civiles

Si el presidente argentino es parte o avala el plan estatizador del kirchnerismo duro puede ser materia de debate. Lo que es claro es que el jefe de Estado está muy cómodo con esta cuarentena extendida. Esta circunstancia le permite justificar una paupérrima situación económica que poco tiene que ver con la cuestión sanitaria del COVID-19. Con el correr de los días, y ante el incremento de reclamos para volver a abrir los comercios, Fernández va perdiendo el tono moderado y, como se le dice por estos pagos, se le «suelta la cadena».

Una respuesta poco feliz en la última conferencia, donde aseguró que no le importaba la duración de la cuarentena, generó indignación y explotaron las redes sociales. De esta manera, Argentina relanzó como nunca «la grieta«. Por un lado están los que avalan el discurso oficial y encuentran en Fernández al salvador de la patria. Por el otro, los que dudan del discurso del Ejecutivo y cuestionan un supuesto autoritarismo.

Si el 80 % de apoyo existió hace dos meses no lo sabremos, pero es claro que se trataba de una gran mayoría. Si ahora la cuestión es un 50 y 50 no se sabe, pero también es evidente que muchísimos argentinos comienzan a decir basta.

En el aniversario de la Revolución de Mayo, la desobediencia civil

Hoy Argentina cumple un nuevo aniversario de aquella revolución de 1810 que finalizó con la independencia de España. En una fecha muy especial muchas personas están convocando a salir a la calle, en clara desobediencia, para protestar contra el peligro de un proceso autoritario. Parece que este curioso país que le entrega el poder a los aprendices de tiranos, en algún momento reaccionará y dirá basta.

Argentina es todo eso. Es el país que votó tres veces al kirchnerismo, pero que cuando hubo rumores de intención de modificar la Constitución, millones de personas salieron a la calle haciendo recular a Cristina. Parece que tenemos una maldita costumbre de jugar con el peligro, ir a la cornisa, pero luego, a último momento, volvemos a entrar por la ventana.

No son pocos los argentinos que se negaron a bajar la aplicación estatal para las salidas a la calle en medio de la cuarentena, ya que temen abusos por parte de las autoridades. En el interior del país miles de comerciantes amenazan con abrir sus puertas por la fuerza si no flexibilizan la cuarentena. Mar del Plata y Córdoba fueron testigos de las primeras movilizaciones.

¿El 25 de mayo dará otra gesta patriótica en defensa de la libertad? Lo veremos en las próximas horas…

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