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El socialismo democrático abrió camino a la miseria totalitaria en Venezuela

By: Guillermo Rodríguez González - Ene 6, 2017, 1:49 pm
(Ideas Babel) Venezuela
El socialismo es control, directo y/o indirecto del Estado sobre medios de producción para la planificación central de la economía. (Ideas Babel)

EnglishEn Venezuela el socialismo no llegó al poder con Hugo Chávez en 1999. Mi país lo gobernaron de 1958 en adelante exclusivamente partidos socialistas más o menos moderados. Fundados por una generación de líderes cuya historia política se remonta a 1928, y que tomarán al poder por primera vez en 1945.

El socialismo es control, directo y/o indirecto del Estado sobre medios de producción para la planificación central de la economía. Se implementa por planificación central de sectores estratégicos, o por planificación omnicomprensiva. Aspiraban a una u otra variante de socialismo, civiles y militares que gobernaron Venezuela de 1945 a hoy. Versiones moderadas tuvimos hasta 1999. Tuvieron en común los que estabilizaron un sistema de alternancia democrática dentro del consenso socialista moderado desde 1958, precisamente la alternancia democrática dentro del consenso; y ciertos límites al control económico directo del Estado. El espacio privado mercantilista en aquél socialismo fue tan amplio que se pensó lograría avanzar a economía de mercado superando su crisis de la década de 1990. No fue así.

En 1999 un grupo de socialistas revolucionarios radicales dispuestos a llevarlo hasta sus últimas consecuencias finalmente llegó al poder. Lo intentaron antes mediante guerrillas y fracasaron. Lo intentaron electoralmente por décadas y fracasaron. Hasta intentaron un par de fracasados golpes militares en la gran crisis de los años 90. Pero la suma de los golpistas haciendo política libremente por sobreseimiento de sus juicios de un presidente cuya irresponsabilidad fue entonces ampliamente aplaudida, unidos con antes dispersas fuerzas civiles de una izquierda radical profundamente resentida con décadas de fracasos –unificada y en el aparato del poder gracias al mismo irresponsable– Y la crisis de legitimidad del populismo en un país petrolero que dependía de altos precios del crudo entonces ausentes, les permitió finalmente alcanzar el poder. A diferencia de sus predecesores, no estaban dispuestos a alternancia política ni a moderación económica. Venían por todo, tan lenta o rápidamente como las circunstancias permitieran. No han dejado buscar el totalitarismo ni un segundo.

 

En 17 años ocasionaron un empobrecimiento material y moral mucho mayor que sus predecesores en el doble o triple de tiempo. No habría sido posible sin que el socialismo moderado les abriera el camino con previo empobrecimiento material y moral. Y hegemonía cultural que pocos enfrentaron.

El largo camino a la destrucción

Venezuela era a mediados del siglo XX un país económicamente desarrollado con una democracia estable desde 1958. Ya en 1944 el poder de compra del salario promedio en Venezuela era más de diez veces el actual, hace 15 años había caído al doble que hoy, cuando es uno de los dos más bajos del continente. Para 1950 en Venezuela el producto interno por habitante –medido en divisa presente estable– era el segundo del continente y séptimo del planeta, en América únicamente menor que en EE.UU. Así el salario obrero era mayor en Venezuela que en casi toda Europa occidental, con excepciones del tipo de Alemana Federal, Suiza o Luxemburgo. El capital por habitante y su actualización tecnológica estaban entre los mayores del mundo. Llegamos a esto porque prosperidad y desarrollo son reversibles en cualquier parte.

  • En la década de 1940 no había inflación en Venezuela, la deuda pública era insignificante, el bolívar era una de las divisas más estables del mundo y la economía mayormente abierta crecía aproximadamente al 10% anual.
  • En la de 1950 creció el número de leyes estatistas y la economía perdió impulso. Todavía una patente de industria y comercio de un pequeño negocio no era problema. Me explican quienes así la obtuvieron que funcionarios iban a los negocios censando los nuevos para otorgarles en un día lo que hoy se tramita con gran dificultad en meses o años. La economía crecía aproximadamente al 6 % anual.
  • En la de 1960 se hicieron más leyes estatistas. Devaluaron la moneda. Establecieron un control de cambios por varios años. Suspendieron indefinidamente las garantías constitucionales de propiedad privada. Al amparo de esa suspensión de garantías constitucionales por una “emergencia temporal” vigente por décadas establecieron el aparato de planificación central de la economía. Cerraron la economía por sustitución de importaciones. Sectores protegidos y subsidiados crecieron más lentamente, pero los privilegiados con el monopolio del mercado interno obtenían grandes riquezas. Tuvimos empresarios prósperos con empresas quebradas y políticos con fortunas de origen inconfesable. Y se comenzó a hablar de nacionalizaciones y de grandes industrias estratégicas estatales. El crecimiento siguió hasta que las consecuencias de aquello afloraron.
  • En la de 1970 se estatizó la industria petrolera y el banco central. Se completaron grandes industrias estatales estratégicas –de la siderúrgica a la electricidad y las telecomunicaciones– como monopolios del Estado. Y el PIB por habitante comenzó a caer a largo plazo. Siguió la crisis final del socialismo moderado y la llegada al poder del actual socialismo radical que transformó la creciente pobreza de entonces en la abrumadora miseria de hoy. Más y más personas comiendo de la basura y niños muriendo hambre no teníamos en el socialismo moderado de antes. Los tenemos hoy.

De la engañosa década de los ’70 a hoy estamos cada vez peor. La mayoría de los venezolanos entiende que cada gobierno de ahí en adelante fue peor al anterior. Pocos admiten que, con la única e incompleta excepción del fallido intento de reforma de mercado del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, todos fueron más de lo mismo. Varió el grado del mal, pero todos, incluyendo al actual, en materia económica fueron más de lo mismo. Cada vez más de lo malo, es cada vez peor. Y cada vez más socialismo en la economía ocasionó cada vez más empobrecimiento material y moral. Mantener ese rumbo exigiría finalmente el totalitarismo. Y a la dictadura hemos llegado. Que tan estable será y cuanto durará están por verse.

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.

Estados Unidos y su intervención en América Latina: punto de inflexión con Trump

By: Carlos Sabino - Ene 6, 2017, 12:54 pm
(Saboteur)

Reina expectación entre analistas, diplomáticos y políticos, respecto a la política que el nuevo presidente de los Estados Unidos llevará a cabo con respecto a nuestra región: algunos temen que desatienda aún más a Latinoamérica o que se dé un giro hacia el proteccionismo que reduzca nuestro comercio exterior; otros, por el contrario, tienen expectativas positivas, sobre todo en cuanto a enfrentar las dictaduras que soportamos, como en Cuba o Venezuela. Un repaso a los cambios históricos de la política exterior de la nación del norte nos ayudará, creo, a entender mejor los escenarios posibles. Lea más: Estados Unidos y México deportaron a 50 mil salvadoreños en 2016 Lea más: Argentina y Estados Unidos firmaron acuerdo de intercambio de información tributaria No podemos hacer una recapitulación histórica completa, por razones de espacio, por lo que empezaremos por los días finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando la lucha contra los totalitarismos alentaba que se hicieran reformas democráticas en la región. Los Estados Unidos, por ejemplo, vieron con muy buenos ojos la renuncia de Jorge Ubico y el derrocamiento del régimen que le siguió por pocos meses en Guatemala y se comprometieron a fondo contra el general Perón, en Argentina. Pero poco después, cuando comenzó la Guerra Fría contra la Unión Soviética y el comunismo, cambiaron de postura: no interesaba tanto ya la democracia sino una firme postura contra el comunismo. Así se volvió a tener relaciones amistosas con Trujillo en la República Dominicana o Somoza en Nicaragua y se toleraron y hasta propiciaron golpes de estado contra gobiernos de izquierda. Luego, con la llegada de Jimmy Carter al poder, en 1977, se produjo un nuevo cambio. La lucha contra las guerrillas pro comunistas que alentaba Fidel Castro desde Cuba pasó a un segundo lugar y, en cambio, se propició el tema de los derechos humanos. Quienes combatían al marxismo pasaron a ser enemigos, como los Somoza en Nicaragua –a los que se ayudó a derrocar- o como Pinochet en Chile. No se aceptaron ni toleraron ya golpes de estado y, más bien, se favoreció a las organizaciones no gubernamentales que se oponían en todas partes a los militares. Esta línea de acción continuó después de la desaparición de la Unión Soviética, en 1991, cuando ya había cesado la Guerra Fría. Con muy buenas intenciones, pero con poco trabajo efectivo para apoyarla, el presidente Bush lanzó la Iniciativa para las Américas, que naufragó cuando a ella se opusieron los regímenes de izquierda que comenzaron a aparecer en Venezuela y otras partes de la región. De allí en adelante, y en todo lo que va de este siglo XXI, la política exterior de los Estados Unidos ha sido más bien confusa, sin lineamientos claros, centrada en gran medida en la lucha contra las drogas, que ha causado serios problemas en México y desestabilizado buena parte de Centroamérica. En años recientes Barack Obama, el presidente que concluye su mandato este 20 de enero, se ha inclinado a pactar y tener buenas relaciones con los resabios del comunismo en la región: su acercamiento a Cuba ha fortalecido a la dictadura allá existente y poco o nada se ha hecho para combatir a las nuevas dictaduras, como la de Venezuela, o a quienes son opuestos a la democracia liberal, como Ortega en Nicaragua, Evo Morales en Bolivia o Correa en Ecuador. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   ¿Qué podemos esperar ahora, cuando tan próximo está el inicio de una nueva presidencia en los Estados Unidos? No parece, según las declaraciones de Donald Trump, que él tenga una línea ideológica bien definida, aunque parece claro que el nuevo mandatario se alejará de las inclinaciones izquierdistas de su predecesor. Se anuncia una más firme política hacia Cuba y Venezuela, lo que resultaría muy favorable en el contexto regional, aunque sus declaraciones contra el libre comercio arrojan una sombra sobre las relaciones comerciales interamericanas. Esperamos que, si se actúa con más coherencia, se revierta la política de derechos humanos seguida durante las últimas administraciones de presidentes del Partido Demócrata. Bueno sería que, en vez de perseguir a quienes lucharon contra las guerrillas comunistas en décadas pasadas, se volcaran los esfuerzos contra los gobiernos que hoy violan los elementales derechos humanos en varios países. La hipocresía de la política seguida hasta ahora resulta llamativa y arroja serias dudas sobre las verdaderas intenciones del país del norte: ¿cómo pueden favorecerse a las FARC colombianas y perseguir a los militares que combatieron la subversión en otras latitudes? ¿De qué derechos humanos se habla cuando siguen existiendo innumerables presos políticos en Cuba y Venezuela, mientras se transige con esos gobiernos tiránicos? La nueva administración, por eso, tiene a nuestro juicio una deuda pendiente: demostrar que los Estados Unidos son el país de la libertad y el respeto a los derechos individuales, no una versión más de ese socialismo que, bajo diversas apariencias, tanto ha perjudicado a nuestros pueblos.

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