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¿Los estadounidenses olvidaron cómo y por qué se estableció su república?

By: Guillermo Rodríguez González - Jun 17, 2017, 12:40 pm
(Youtube)
“La ley es a menudo hecha a voluntad de los tiranos y siempre de modo que se violan los derechos del individuo”. (Youtube)

Aunque Marx nunca definió claramente lo que entendía por clase social, la mayoría de los intelectuales y científicos sociales están bajo la influencia, incluso inconscientemente, de lo que unos u otros marxistas creen que entendía su profeta por clase social. A aquello se opone a una definición de clase propia del pensamiento libertario completamente diferente a la marxista. Aunque es un concepto abstracto, sin duda es posible definir la clase social claramente como una categoría jurídica en una circunstancia histórica y cultural concreta. Los patricios en Roma constituían una clase social claramente diferenciada de los équites o los quirites por las obligaciones, derechos y privilegios correspondientes a cada una.

Los sistemas de clases propiamente dichos han de ser fijados por la legislación e impuestos por el Estado. La legislación o reglamentación de un sistema de clases establece privilegios de clase en cuanto al acceso exclusivo o preferente a determinadas actividades económicas, políticas, profesionales, etc. Privilegios de clase son determinados por ley positiva. La clase social en algunos casos quedó asociada al grupo racial, nacional o étnico. Un sistema de clases completamente cerrado es definido como sistema de castas. Aunque las clases sociales, así definidas, desaparecen cuando prevalece el estado de derecho liberal, pueden subsistir los usos y costumbres de la cultura desarrollada bajo un sistema de clases.

En ausencia de delimitación jurídica de privilegios de clase, las diferencias de riqueza entre estratos socioeconómicos acompañadas de usos y costumbres diferenciadoras, no permiten considerarlos clases sociales sino en sentido cultural. El concepto libertario de clase establece la diferencia entre la clase social y los grupos de intereses organizados para la captura de privilegios mediante la legislación. Y deja claro que es imposible que el elemento aristocrático de una sociedad compleja y cambiante se limite a una clase social. Ni en el caso de determinarlas el patrimonio en una república democrática censitaria con economía libre y competitiva.

Nueva Inglaterra en el siglo XVIII podía considerarse, en ciertos aspectos, una sociedad de clases, pero con mucha movilidad entre clases y escasa tradición nobiliaria respecto a las islas británicas. Mientras el Reino Unido sostenía la tradición cultural de la sociedad de clases, sus colonos americanos habían socavado gran parte de la cultura del sistema de clases británico mucho antes de su independencia. La monarquía absoluta fue derrotada en suelo ingles por la revolución de 1649. Tras el restablecimiento de la monarquía en 1660 únicamente el Parlamento podía aspirar materialmente al poder soberano. Elevar a soberanía la ya indiscutible supremacía del Parlamento se sostenía en la soberanía popular representada por ese Parlamento. Los colonos que no se consideraban representados por un Parlamento en cuya elección no votaban eran súbditos de la Corona, protegidos por el derecho consuetudinario que tenían sus propias legislaturas.

Cuando el Parlamento Británico asumió la soberanía en 1767 se hizo rehén de intereses organizados. La ampliación del voto popular nunca cambió aquello. Hayek explica como:

“Tal evolución hizo que Gran Bretaña no sólo aportara al mundo civilizado la valiosa institución del gobierno representativo, sino también el pernicioso principio de la soberanía parlamentaria, principio que no se limita a aseverar que la asamblea representativa debe ostentar el poder supremo, sino que arguye que éste debe ser de carácter ilimitado, condición que, aunque a primera vista pueda parecerlo, no es consecuencia de la primera. El poder puede, en efecto, quedar constreñido, no por una superior “voluntad”, sino por el consenso que entre las gentes se establezca acerca de lo que debe ser considerado justo (…) hasta la más alta autoridad puede quedar sometida a limitación”.

Los colonos recurrieron al rey. Su rey bajo el derecho. Legalistas en el mejor sentido, se defendían de la tiranía por todos los medios legales y políticos posibles, justificaban en el derecho la resistencia armada a su violación por el gobierno británico. Más de un año de hostilidades armadas precedieron la proclamaron de su independencia. Los colonos se levantaron en armas en defensa de la soberanía del auténtico derecho sobre el gobierno de los hombres. Principio que el Parlamento británico traicionó en 1767.

 

Cualquier aldea de aquellas colonias tenía iglesia, escuela, sheriff y juez de paz establecidos por sus propios ciudadanos. Cada colonia organizó su propio gobierno, eligió su legislatura y designó a sus jueces. Únicamente los gobernadores, y no todos, representaban a la Corona. Ningún “condado” tenía conde, en su lugar tenía milicias armadas, entrenadas y organizadas por sí mismas, capaces de levantarse en armas y dispersarse. Cuando el gobierno británico pretendió cobrar impuestos que no votaron los colonos, y, ante la resistencia, requisar y ocupar la propiedad privada, cada aldea y cada ciudad discutían en asambleas espontaneas como detener aquello. De ideas, asambleas y milicias nació un ejército continental que derrotó al británico, para sorpresa y asombro de Europa.

El constitucionalismo estadounidense no empezó por una carta de derechos individuales; los colonos ya tenían su propio gobierno, legislación y jurisprudencia. No los introducían a través de la constitución escrita. Estaban vigentes en el common law británico. Ya tenían un sistema de libertades individuales. Circunstancias concurrentes favorables permitieron que emergiera por orden espontáneo de su cultura. Su carta de derechos sería un conjunto de enmiendas con límites al poder del Estado cuya necesidad descubren en su propio Estado.

Tras un par de siglos es claro que sus límites al poder están siendo superados por los intereses concentrados y la demagogia. ¿Por qué los estadounidenses de hoy no se proponen establecer nuevos y mejores? Me temo que sea porque han olvidado cómo y por qué se estableció su república. Muchos ya no tienen presente, como en su momento Thomas Jefferson, que:

“…la justa libertad, significa no tener obstáculos en la acción de acuerdo con nuestra voluntad, dentro de los límites dibujados alrededor de nosotros por la igualdad de derechos de los demás. No agrego “dentro de los límites de la ley”, porque la ley es a menudo hecha a voluntad de los tiranos y siempre de modo que se violan los derechos del individuo”.

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.

Venezolanos encabezan número de peticiones de asilo en España

By: Karina Martín - Jun 17, 2017, 11:38 am
asilo en España

El "recrudecimiento de la convulsa situación política y la crisis de la economía" en Venezuela disparó el número de solicitantes de asilo de dicho país en España durante el 2016. Las peticiones de asilo de venezolanos en España pasaron de 596 en 2015 a 3960 en 2016, según lo reportado en el informe anual Las personas refugiadas en España y Europa, presentado por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Lea más: Segunda vez en un mes: España captura barco venezolano con 1,2 toneladas de cocaína Lea más: España incauta 2500 kilos de cocaína en barco procedente de Venezuela De acuerdo con el informe, el número de solicitantes procedentes de Venezuela ha ido en aumento desde el 2010 con un número de 19 solicitantes; luego, en 2011, subieron a 52; en 2012 bajó el número a 28; en 2013 subió a 35; en 2014 el aumento de solicitantes de asilo en España fue mucho mayor, con 124 venezolanos; el 2015 con 596 y el 2016 el número de solicitantes venezolanos creció a 3960. Según la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, el aumento de solicitantes venezolanos se debe al empeoramiento de la situación política que se vive en el país y al aumento de la crisis económica. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   La mayoría de los que pidieron asilo obtuvieron protección subsidiaria que dura cinco años, tras lo cual se evalúa de nuevo la situación. Venezuela es el país que encabeza el número de peticiones de asilo en España, seguido por Siria con 2975 y Ucrania con 2570. Otros países que también entran en la lista con más peticiones fueron: Argelia (740), Colombia (615), El Salvador (425), Honduras (385), Palestina (355), Marruecos (340) y Nigeria (285). En total, el gobierno español tramitó en 2016 10.250 solicitudes de migrantes, de las cuales el 66 % obtuvo una resolución favorable. Fuentes: Globovisión, El Universal, CB24.

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