El comunismo vive en la negación y el olvido de sus crímenes y victimas

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Comuismo
El comunismo es un mal que crece en la obscuridad y se alimenta de la mentira al que únicamente se puede combatir con la verdad. (Youtube)

Federico Jiménez Losantos afirma en su nuevo libro, Memoria del comunismo, que:

“El comunismo es una desmemoria. No un olvido, sino la destrucción de la Historia, de todo lo que nos recuerde lo que hemos sido o venido a ser, para poder imponernos lo que, como una página en blanco que llenarán nuestros amos, vamos a ser, querámoslo o no. El leninismo, ese prestigioso engendro de mentira y terror, pretende inventar el mundo como si nunca hubiera habido mundo y crear un ‘hombre nuevo’ que, para no estropear su utopía de diosecillo sanguinario, no pueda, como es natural en la especie, hacerse viejo. De ahí que el ‘hombre nuevo’ del comunismo nazca muerto”.

Por ello –y contra aquello– su Memoria del Comunismo, un libro tan combativo como preciso y documentado, denuncia a los artífices de la desmemoria. Aunque quienes documentan los genocidios comunistas suelen eximir de culpa “la idea”, y atribuyan a desviaciones lo consubstancial a la teoría misma. Jiménez Losantos sí que ve claramente causa y consecuencia. Teoría y práctica en masificación y arbitrariedad del exterminio de clases enemigas. Sin disculpa alguna.

Porque el comunismo aspira a la desmemoria de lo que nos hace humanos, así que podía ser una religión disfrazada de “ciencia”. Fanatismo de la mentira. Mal absoluto, declarándose bien último e inevitable. Esfuerzo por la desmemoria tan profundo que exige la mayor obscuridad. Como afirma Jiménez Losantos:

“Es una película de terror que sólo puede verse en los cines pequeños (…). Para los grandes quedan las grandes producciones sobre el nazismo o sobre la tremenda represión de los comunistas en Hollywood, cuya función esencial es la misma que la del antifascismo o el antifranquismo desde Stalin hasta hoy: ocultar el terror comunista”

Un gran autor que fue editorialista y luego director del L’Express, que en 1974 publicó extractos de Archipielago Gulag exponiendo las ensoñaciones de la filo-soviética intelectualidad francesa a Soljenitsin; Jean François Revel, en El Conocimiento Inutil, denuncia la doble moral común en la prensa –academia, arte y espectáculo– que suaviza y falsea cualquier crítica del marxismo en el poder. Como Revel, Jiménez Losantos encara al mal sin concesiones. Su erudita historia cita –del libro La ceguera voluntaria de Chrisitian Jelen– la censura editorial en 1917 de las crónicas del corresponsal de L’Humanité en Moscú, Boris Kritchevski. A quien los tempranos cómplices parisinos del terror leninista silenciaron.

Profundiza la historia del comunismo en España, temprano e importante esfuerzo soviético de extensión internacional de su totalitarismo. El viejo comunismo español, CNT, FAI y buena parte de un PSOE que se imaginaba es “condiciones objetivas” del calco de la revolución bolchevique. Tan radical que Largo Caballero se atrevió a reprochar a Stalin, exceso de parlamentarismo. Abundante en pequeñas historias, nos cuenta cómo Valentín González, alias el campesino, fue ignorado o vilipendiado por todo tonto útil izquierdista –como Hemingway–, pero retratado con simpatía por Soljenitsin en Archipiélago Gulag.

 

Más allá de las anécdotas reveladoras, es una verdadera obra erudita, un compendio crítico de la mayor parte de lo publicado sobre el comunismo. Compendio de textos arrinconados; de asesinatos morales; campañas de desprestigio; renuncias culposas, y valerosas obstinaciones en la verdad contra viento y marea. Su lectura es la que hace el autor de cientos de obras en las que guía al lector poco informado. Pero lo que viene a decirnos Jimenez Losantos es que el comunismo es una bestia inhumana. Una bestia viva y fuerte. Vive en la desmemoria de sus crímenes. Religión primitiva cuyos altares del sacrificio humano son hambrunas, sótanos de tortura y campos de concentración.

Un mal que crece en la obscuridad y se alimenta de la mentira al que únicamente se puede combatir con la verdad. Entenderlo es importante para España –país que estuvo a poco de elevar a segunda fuerza parlamentaria un disfraz que oculta al más rancio leninismo; con pasantías y simpatías cómplices de la destrucción socialista de Venezuela– y más para Hispanoamérica –continente del Foro de Sao Paulo. Monstruo regional que en su peor momento político sobrevive en la mentira que inicia la desmemoria–.

Lo que nos viene a decir es que:

“Para saber si un país (…) está incubando el huevo de la serpiente leninista, que solo cambia de camisa para seguir venenosamente viva, hay que comprobar su relación con la Historia, que es como decir con su memoria. Si se borran, en nombre del multiculturalismo, los géneros gramaticales para satisfacer el sexismo feminista o LGTB; si se oculta la referencia racial en la noticia del delito de una banda criminal; si (…) para no molestar al Islam (…) se disimulan todos sus alardes feminicidas y homicidas, si, en fin, los libros clásicos, de Cervantes a Mark Twain (…) se vetan en todos los centros educativos y (…) se censuran, (…) a los (…) que no se ajustan a los criterios multiculturalistas que la izquierda impone y la derecha acata, el comunismo sigue vivo y está madurando a esa sociedad para tiranizarla”.

Más que recomendable, es una lectura indispensable para la conciencia de todos y cada uno. Lo es desde la dedicatoria, en la que nos recuerda Jiménez Losantos, del libro de Anne Appelbaum, sobre el Gulag “que de las fosas comunes en los campos de concentración a orillas del Círculo Polar Ártico se desprenden a veces, dentro de bloques de hielo, montones de cadáveres apilados un día y olvidados bajo la nieve años atrás”.

Es necesaria una Memoria contra la desmemoria que se impone. Aquella en que la existencia misma y el masivo exterminio de esos millones de inocentes es lo “que en nombre de la Memoria Historia con mayúsculas, la del crimen impune y el triunfo del mal, tantos historiadores tratan de borrar. A la memoria de cualquiera de ellos va dedicada esta modesta memoria”. Porque el mal vive del olvido, esa Memoria del Comunismo es muy necesaria.

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