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Dialogar con Nicolás Maduro, ¿es posible?

Por: Escritor Invitado - Sep 19, 2016, 11:48 am
(InfoVenezuela) Nicolás Maduro
Maduro, al igual que Chávez, resultó un digno discípulo de los sistemas comunistas ruso y cubano (InfoVenezuela)

Por Manuel Malaver

Afirmar que Maduro y diálogo son términos antagónicos, no debería provocar en Venezuela otras dudas que las que despiertan evidencias como “la noche es oscura” y “el día es claro”.

Pero cómo, quizá por el exceso de olvido que padecemos, o mejor, por la angustia que persigue a algunos por encontrarle una salida pacífica y consensuada a la crisis que nos tiene al borde de la guerra civil, de tiempo en tiempo y de cuando en vez, dirigentes de todo el mundo sin importar el ámbito (político, empresarial, social, religioso, cultural, etc) aparecen dándose un baño  de lo que, mediáticamente,  titulo, “Dialogando con Maduro”, me he tomado el cuidado de aconsejar a los ingenuos que ya cayeron, o son propicios a caer en tal laberinto, con la advertencia que, según Dante Alighieri en la Divina Comedia, se leía a las puertas del Infierno: “!Oh, los que entráis, dejad toda esperanza!”.

Es una experiencia que no se la deseo a nadie, ya que, por lo general, Maduro patea la mesa antes de comenzar el diálogo, o si lo comienza y da la impresión que todo va bien, se para y la próxima vez que la contraparte lo ve es dándole un insulto por televisión, o si no, lo peor: Maduro transfiere el diálogo a unas comisiones que por meses y años estarán dándole vueltas a los asuntos y nunca concluirían en nada.

Y en eso tengo que admitir que Maduro, al igual que Chávez, resultó un digno discípulo de los sistemas comunistas ruso y cubano, los cuales, si sobrevivieron por décadas casi centenarias, fue porque cuando estaban débiles salían a dialogar, pero si estaban fuertes, el mundo se les iba en cárceles, cámaras de tortura y paredones de fusilamientos.

Lo único que no puedo atribuirle a Chávez y Maduro, son los paredones de fusilamiento, pero sí otros, como fue militarizar el país a extremos abominables, convertirnos en un estado fallido y forajido, mutilar la democracia y acabar con la independencia de los poderes, destruir adrede el aparato productivo y la capacidad exportadora de crudos de Petróleos de Venezuela (PDVSA) para hacernos dependientes del Estado en el suministro de alimentos y medicinas, y entregar a las fauces de la corrupción nacional e internacional una cuantiosa riqueza cercana a los USD$ 900.000 millones con la cual nos hubiésemos independizado de la pobreza y la desigualdad extremas por todo el siglo XXI.

Por eso, los inscribo en la misma escuela de los hijos de Lenin y Stalin, y de Fidel y Raúl, para quienes, dialogar no fue nunca un ejercicio para ceder, y mucho menos, entregar el poder, sino para aumentarlo, acrecentarlo, inflarlo, y después venir a buscar con horca y cuchillo a los que, ingenuamente, creyeron en el diálogo.

Porque ¡oigan!,  no dialogaron, no cedieron…!ganaron tiempo!, y en esos meses y años los que estaban fuertes se debilitaron y los que estaban débiles se fortalecieron.

Lo vimos, lo sufrimos, los venezolanos, después de la caída y regreso de Chávez al poder en abril del 2002, cuando, apareció con aquel crucifijo, y rezaba, y lloraba, y se arrodillaba y se dejaba insultar por  medio mundo en el canal 8, mientras preparaba el asalto a PDVSA, la limpieza ideológica en la Fuerza Armada Nacional (FAN) y se hacía con todos los ingresos en dólares del país con el control de cambio para devenir en el hombre más rico de Venezuela y América Latina.

Pero Maduro también nos dio una lección de diálogo a  mediados del 2014, luego que perpetró el asesinato de 42 estudiantes entre febrero y junio de ese año, y llenó las cárceles, los hospitales, y los tribunales de presos, heridos y enjuiciados, y para lavarse la sangre que le manchaba su traje Valentino, inventó un diálogo y todos saben en que terminó: “Palabras, palabras, palabras”. ¿Verdad Enrique Márquez, verdad Timoteo Zambrano?

Es la consecuencia de la praxis de una filosofía del poder que solo se vino a conocer en el siglo XX, con la emergencia de los totalitarismos nazi y soviético, los cuales, por estar estructurados para producir resultados redentores de largo plazo, como pueden ser el dominio de la raza superior, o del partido superior, entonces no se paran en las transgresiones que sean necesarias para mantener lo que ganaron con mucho o poco esfuerzo.

Y el poder, aparte de ser eterno, es el paraíso y no se puede perder por moralismos más y moralismos menos y si hay que engañar hay que engañar, si hay que mentir hay que mentir, y si hay que dialogar hay que dialogar, pero siempre con la visión de que la conservación del poder es innegociable. A menos que se produzca una implosión en el sistema que es rara pero no imposible, o que el pueblo casi como un todo, rodee a sus opresores y los obligue a claudicar y renunciar.

A este respecto la caída de la Unión Soviética y de los países de Europa del Este darían mucha tela que cortar, porque, a la implosión siguió un levantamiento popular y se licuó el sistema, pero los dos fenómenos por sí solos no logran el milagro y la oposición venezolana debe cuidar el capital político que tanto le ha costado reunir por hacerse una foto o caer en la lengua de esperpentos del tipo Cabello, Istúriz o el psiquiatra, Jorge Rodríguez.

No sé por qué, al  escribir la última línea, se me vino a la memoria, George  Kennan, el diplomático, politólogo e historiador norteamericano, inspirador de las políticas de negociación de los Estados Unidos con la Unión Soviética durante la “Guerra Fría”, y quien había empezado estableciendo “que el totalitarismo comunista representaba una variedad única del mal”, y por tanto, dialogar o negociar con él no significaba nunca bajar la guardia y creer que dialogaban de “buena fe” y estaban dispuestos a cumplir los acuerdos firmados, sellados y refrendados.

Dialogar y negociar, sí, aconsejaba Kennan, pero antes exigiéndoles una prueba de buena fe a los dictadores, como fue el caso de Anwar Sadat, que luego de lo que parecía una guerra interminable, tomó en 1977, la decisión valiente, de viajar a Jerusalén y declarar públicamente ante el Knesset, el derecho de Israel a existir. ¿Ha tenido Maduro algún gesto de buena fe? Creo que no, todo lo contrario. Se ha dedicado a mantener una represión sistemática, por la que ahora hay más  presos políticos en las cárceles, que cuando planteó su arterísimo “dialogo de paz”.

“El mal existe” parecer decir Kennan en sus cuantiosas cartas, informes, consultas y hasta telegramas “Y está encarnado en Lenin, Stalin y Hitler”. Y yo agregaría: Mao, Pol Pot, Kim Il Sung y familia, Fidel y Raúl Castro, Mugabe, los Kirchner, Chávez, Maduro, Ortega, Correa y Evo Morales

Es una simple lección de antropología política que se le olvidó a un todavía presidente de los Estados Unidos llamado, Barack Obama, quien, descongeló el necesario distanciamiento entre su país y Cuba a cambio de las promesas de un taimado Raúl Castro de darle libertad y democracia a los cubanos y sigue reprimiendo más que nunca a “Las damas de blanco” y a los disidentes isleños.

Y que hacen lo imposible por desmoralizar, desmovilizarse y congelar a las fuerzas opositoras si su decisión es avanzar con políticas que arrollen a los totalitarios, y como último recurso, sacan a los Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández, Martín Torrijos y Timoteo Zambrano para que hagan el trabajo que no pueden hacer los Padrino López, los Néstor Reverol y Antonio Benavides.

Combo al cual deben cuidarse de pertenecer los líderes opositores colmados de “olvidos” y “angustias”, como que ya han tenido tiempo para definir a los enemigos  e, igualmente, para establecer cuál es el diálogo que buscan y por qué lo buscan y cómo jamás llegarán a cumplirlo, ni a honrarlo.

Lo cual no quiere decir que, en coyunturas específicas, no se dialogue, pero nunca ignorando lo que quiere el adversario, que siempre es “ganar tiempo”, “desarmar tus políticas”, y al final, desplazarte de los espacios que habías conquistado.

Pero en conjunto, “los diálogos” y “acuerdos” entre oposiciones democráticas y gobiernos totalitarios en el poder, nunca pueden significar que los demócratas entreguen sus cuarteles,  tragedia que puede resultar porque los opositores decreten una tregua política, o porque permitan que los regímenes dejen filtrar la idea (en la que no creen) que “el diálogo” y “los acuerdos” ya representan la paz y los alzados no tienen razones para permanecer en la calle.

Creo que, por este tramo, van los sucesos que se suscitaron a partir del jueves pasado,  cuando, el gobierno reveló que, desde hacía un mes, el oficialismo y la oposición habían tenido dos reuniones para explorar un “prediálogo” y la oposición, o mejor dicho, la MUD, no ha tenido la discreción de explicarle detalladamente a la ciudadanía qué pasó, cuáles razones motivaron los contactos y que fue lo que se discutió.

Aunque, eran de sospechar por una entrevista que, Enrique Márquez, dio al diario “Panorama” hace una semana, antes de que se hiciera pública la noticia, diciendo: “Hay diálogo entre el gobierno y la oposición, se han llegado a acuerdos interesantes, pero no podemos adelantar nada”, y Alfonso Marquina le había soltado al diario “El Impulso” una semana antes esta frase enigmática: “El Revocatorio puede darse en cualquier momento. La fecha no es importante”.

En otras palabras, que los jefes de los cuatro partidos representados en la MUD, o participaron o debieron estar informados, y si no sucedió una cosa ni la otra, era porque sus colegas tenían tiempo dialogando y los dejaron en la situación de los maridos engañados que son los últimos en enterarse de que un día amanecieron con “las insignias de Vulcano” (Shakespeare dixit)

Manuel Malaver es un periodista y analista político venezolano, síguelo en @MMalaverM.