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Por qué la izquierda antioccidental odia tanto a Trump

By: Guillermo Rodríguez González - Feb 15, 2017, 12:43 pm
(Youtube) socialistas
Sé que no hay tendencia librecambista alguna en la red de tratados de “libre comercio” a la que opone Trump un difuso proteccionismo nacionalista. (Youtube)

Me preocupa el populismo proteccionista y la inclinación autoritaria del presidente Trump. Pero me guste o no, encabezó la reacción contra algo mucho peor. Algo que sí es mi enemigo. Algo que hace a todo socialista antioccidental políticamente correcto odiarlo a muerte. Trump es el enemigo de mi enemigo.

Sé que no hay tendencia librecambista alguna en la red de tratados de “libre comercio” a la que opone Trump un difuso proteccionismo nacionalista. Son dos formas de intervencionismo comercial enfrentadas. La transnacional con nueva agenda ideológica y la nacionalista del pasado. Versiones del fallido mercantilismo, diferentes pero equivalentes. Y no olvido que quienes aplaudían –o callaban– los excesos autoritarios de Obama en la peor administración de la historia de los EE.UU. se escandalizan cuando Trump usa el poder que validaron al Ejecutivo.

Si la administración Trump intenta lo que Hispanoamérica hizo en la segunda mitad del siglo pasado –crecimiento auto centrado intensamente proteccionista– fracasará. Si surfea su ola proteccionista con medidas emblemáticas de bajo impacto, impulsa desregulación, reducción de impuestos, y competitividad tecnológica, tendrá éxito. El equilibrio entre mejorar la competitividad y atraer inversiones y la compensación de afectados por la prolongada recesión que son su base electoral, es el desafío del Trump.

El peligro para EE.UU. es el creciente poder del Estado sobrepasando barreras constitucionales. De la abrumadora capacidad del Ejecutivo para espiar sin control a sus propios ciudadanos, al peligro de una Corte Suprema controlada por el activismo judicial de la doctrina “progresista” radical.  No es de esperar que la nueva administración debilite sino que aproveche la NSA que la anterior hizo crecer como nunca. Pero está conjurando el de una Corte Suprema entregada al totalitarismo políticamente correcto. Para quien entienda los pesos y contrapesos constitucionales y políticos de los EE.UU. no es poco.

Las mayores amenazas totalitarias a la libertad, diversidad y prosperidad de la civilización occidental, son el islamismo radical y el marxismo revolucionario. Núcleos radicales fanáticos buscando condicionar mayorías en una corriente cultural más amplia. El marxismo sobrevivió al colapso de su fallida civilización soviética. Marxista tardío y post soviético es el centro de gravedad y núcleo irradiador para casi toda fuerza disruptiva en la civilización occidental.

 

En mi país, Venezuela, las grandes universidades públicas eran soviets de intolerancia en que se quemaban libros y se impedía violentamente que se expresara quien pusiera en duda el dogma. Perdieron las universidades cuando llegaron al poder. Pero el socialismo que nos hunde en la miseria estableciendo la dictadura se forjó en aquellas universidades. Islas de socialismo radical totalitario en un mar de socialismo democrático moderado. Quienes viven bajo el socialismo que impidió violentamente una conferencia de Carlos Rangel, cuando la Universidad era lo único que gobernaban, entienden el peligro del que universidades devengan Soviets. Así se irradia el evangelio de odio e intolerancia historicista.

La escalada de la interminable pataleta infantil de la izquierda de los EE.UU, es más violenta en sus secciones de asalto universitarias. Su fanatismo historicista está tan ofendido por la derrota de Clinton que se les han suspendido exámenes para que se recuperen “emocionalmente”. Exigen “espacios de sanación” para lloriquear cuando alguien que no repita el dogma, hable en un campus. Creen que la historia tiene propósito y progresa por la dialéctica lucha de clases –El marxista, a conveniencia agrega o retirara a las nunca bien definidas clases sociales de Marx, cualesquiera clases y luchas dialécticas históricas y anti-historicas que requiera– Creían al Obamismo histórico y a Hillary Clinton la escalada de esa historia. Trump se les antoja anti histórico; los confunde y enfurece.

Que niños ricos, blancos, anglosajones y de origen protestante impidan con protestas vandálicas la conferencia en la Universidad de Berkeley de un periodista de origen griego, británico, católico, mitad judío y homosexual con pareja de raza negra ¿Fue un ataque fascista, racista y homofóbico? No según los “progresistas” que protestaban. Dicen que el fascista, homofóbico y racista es el periodista. Impedir que hable Milo Yiannopoulos violentamente es “antifascista”. Así piensan del activista al tonto útil promedio del marxismo tardío que controla como soviets las mejores universidades de EE.UU. El 20 de enero en protestas contra una conferencia de Yiannopoulos en la universidad de Washington un activista promedio cualquiera disparó contra alguien desarmado y alegó “autodefensa” por parecerle la víctima de su intento de asesinato supremacista blanco. Yianipolulos se negó a suspender en Washington sin importar el riesgo. En California fue la Universidad la que lo silenció

No hay peor término que “marxismo cultural” para definir al sincretismo religioso tardo marxista. Es otra racionalización de la envidiosa aspiración retrograda de igualitarismo primitivo a que se reduce todo socialismo. Los marxistas lucharon por controlar los centros de la cultura mucho antes que Gransci lo teorizase. No es nuevo. Lo nuevo –hoy viejo– fue que en el primer tercio del siglo pasado otros socialistas totalitarios –fascistas y nacionalsocialistas– descubrieron mejores estrategias para encabezar la cultura y alcanzar el poder. Fue temporal, pero desde entonces acusan de fascismo a cualquiera que amenace su hegemonía sobre lo que, más o menos, logren controlar como un soviet.

No son incidentalmente autoritarios y potencialmente intolerantes. Son fanáticamente totalitarios y agresivamente intolerantes. El intento de asesinato en Washington no es un evento aislado de un fanático, es un “exceso” de un activista típico. Su doble moral es obvia y peligrosa, pero pueden enmascararla. Pueden ser pragmáticos, realistas y pacientes para avanzar en poder político e influencia cultural. Son el enemigo interno y su reacción histérica ante el inesperado y para ellos “anti-histórico” triunfo de Trump los ha forzado a mostrarse como lo que realmente son. El enemigo de mi enemigo no necesariamente es mi amigo. Pero el enemigo de la civilización occidental siempre será mi enemigo, por definición. Cuando lo que nos estamos jugando es la propia civilización occidental, la única en que realmente han prosperado libertad y diversidad, hay que tener claro quién es el enemigo

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.

Libro escolar uruguayo legitima el comunismo comparándolo con los Pitufos

By: Priscila Guinovart - @PrisUY - Feb 15, 2017, 12:31 pm
Comunismo

EnglishTrascendió en los últimos días una foto de un texto de sexto año de primaria que muestra la triste comparación de la autora entre el comunismo y los Pitufos. Hablamos de UY siglo XX, de la profesora Silvana Pera con la edición de Índice Grupo Editorial. En dicho texto –que, a efectos de no desestimar su importancia, es usado actualmente en escuelas– se lee, luego de una corta y sesgada introducción a la ideología comunista, lo siguiente: “Quizá te ayude el siguiente ejemplo para acercarte a la idea de la sociedad comunista. ¿Conoces a los Pitufos? Son una comunidad que vive en una aldea. Todos tienen acceso a la vivienda. Nadie pasa hambre. El pozo de agua es para uso colectivo, no es de nadie y es de todos. Todos tienen obligaciones con la comunidad, por ejemplo ocuparse de aquello que saben hacer, Pitufo cocinero cocinará, Pitufo carpintero arreglará lo que se rompa, y así cada uno de la comunidad aporta con su trabajo y recibe del trabajo de los demás. El comunismo podría ser una situación similar a eso”. Lea más: Comunismo: primer fracaso y engaño del socialismo soviético Lea más: Alemania Oriental floreció gracias al fin del comunismo Esto pasa en el Uruguay hoy, no hablamos de locos textos de otrora, en los que Evita era la única madre concebible en Argentina, su “jefa espiritual”. Este es el Uruguay del siglo XXI, el Uruguay de la “izquierda moderada” que tantos elogian sin haber pasado más de quince días en suelo oriental. Queda más que claro, por lo tanto, que la izquierda no ha conocido jamás el significado del término “moderación”, y que de hecho “izquierda” (sea en su versión comunista, socialista, emepepista –corriente del expresidente José Mujica, MPP– o afrancesada) y “moderación” se contradicen y anulan mutuamente. Como si fuera una especie de atenuante, y acorralado ante la polémica generada, el consejero de Educación Inicial y Primaria, Héctor Florit, manifestó que el texto es utilizado solo en escuelas privadas, agregando que “los textos que utilicen instituciones privadas no tienen ni censura ni control”. Admitió, sin embargo, que la comparación es “desafortunada”. Me cuesta creerle al señor Florit. Me es casi imposible considerar la mera posibilidad de que las escuelas privadas tienen tanta libertad, particularmente porque trabajé en instituciones privadas buena parte de mi carrera como docente y sé que las estas deben cumplir a rajatabla –quizás más que sus pares públicas– cualquier tipo de regulación. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   Pero incluso si Florit es honesto, el caso no nos debe dejar de alarmar. Se sigue tratando de un clarísimo lavado de cerebros que afecta a un grupo de nuestros niños, sin importar a qué clase de institución concurran. Quizás quien más asuste –después de Pera, evidentemente–  sea la directora de la editorial, Adriana Fernández, que se refirió al libro como “excelente” y “súper objetivo”. Es menester recordar que no es la primera vez que en Uruguay hacemos frente a tales barrabasadas –sepa disculparme el lector por el término, pero sostengo mi indignación, es más que justificada–. Con Historia económica y social del Uruguay 1870-2000, editado en 2015 por Santillana (madre de las editoriales escolares) vimos un episodio similar.  Este texto, cuyo público eran alumnos de secundaria, afirma que el “neoliberalismo” es una “escuela de pensamiento económico” para la cual “no son prioridades ni la justicia, ni la libertad, ni la igualdad”. “Los neoliberales o neoconservadores retomaron la idea de que el Estado no debe intervenir en la economía”, que el ‘gran agente regulador’ es el mercado, ‘la mano invisible’ y ‘la iniciativa privada’”, afirman los autores, con total liviandad. Los nombres detrás de esta serie de mentiras descomunales son Leonor Berna, Pablo Lignone y ¡Silvana Pera! En el mencionado libro se lee, además, que el neoliberalismo (sobre el que se machaca una y otra vez) “fue aplicado en Uruguay, primero por la dictadura militar (1973-1985) y luego por los primeros gobiernos que la sucedieron, dirigidos por los partidos Colorado y Nacional, cuya condición de democráticos está en tela de juicio.” En otras palabras, desestima la validez de gobiernos completamente democráticos. Me pregunto cuáles son las razones de los autores para extender su “tela de juicio”. ¿Que no eran gobiernos de izquierda? El Frente Amplio y sus siervos están convencidos de haber inventado al país. Nada existe fuera del Frente Amplio, ni siquiera la democracia misma. El Frente Amplio, podría concluirse, no respeta la institución democrática. El Frente Amplio desgarra la laicidad tanto como lo hizo la Unión Soviética, y lava tantos cerebros como los Castro. Seamos claros: no es posible, no es ético minimizar la gravedad de este episodio. No debemos creer que el Frente Amplio no sostiene las ideas que empapan las páginas de estos libros. Basta con leer las declaraciones que el presidente Vázquez hiciese desde Alemania la semana pasada: “en Venezuela hay democracia”. Uruguayos, basta de creer que somos moderados. Basta de creer que somos la excepción. Basta de mirar para otro lado y creer que no pasa nada cuando tenemos un gobierno cómplice del hambre y de la tortura. Ninguno de los dos libros menciona las millones de vidas que el comunismo se ha llevado y se sigue llevando consigo, de más está decir. Ninguno de los libros hace la menor referencia a la suerte de la oposición durante el comunismo. Ojalá el comunismo fuese solamente un cómic.

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